martes, 9 de julio de 2013

EL MATRIARCADO, VESTIGIOS DE UNA CULTURA. - Daniela Wallffiguer Belmar.



EL MATRIARCADOVESTIGIOS DE UNA CULTURA.

Este ensayo tiene como propósito dar un diagnóstico descriptivo de la importancia del matriarcado como organización social y analizar
algunas de sus características.
Se busca abrir interrogantes y cuestionar las formas organizativas
actuales que se configuran a partir de una estructura patriarcal que
ha determinado un orden, una relación de poder jerárquica entre sus
miembros, estableciendo formas de dominación tales como la explotación indiscriminada del medio ambiente o la diferenciación social según el lugar que se ocupe en relación con la producción económica, lo que está provocando por doquier crisis que desembocan en estallidos para que esta estructura se derrumbe. El surgimiento del sistema económico capitalista que se gestó en el patriarcado ha dado como resultado desigualdad, miseria, exclusión, pobreza, explotación indiscriminada y la sensación de estar sujetos a parámetros de vida lejos de lo natural, tal como se vivía en una etapa en la comunidad humana que ha
sido identificada como matriarcado.

Como bien manifiesta Bachofen(1), precursor de los estudios del
matriarcado, señala a esta forma de organización como un estadio
importante dentro de la historia de la vida en comunidades, que es
capaz de desarrollar una cultura centrada en la veneración de lo
femenino, entendiendo «lo Femenino» como una cosmovisión en donde la
capacidad de fecundación y crianza de los seres humanos en su larga
infancia(2), configuran una manera de ver y organizar a las personas
en torno a la necesidad esencial de los seres vivos: la perpetuación.
El principio femenino en una comunidad matriarcal no es la obtención
del poder ni la organización política y civil exclusiva en los
miembros femeninos. Si bien en el periodo aludido los hombres pasan
mayor tiempo fuera de la comunidad, también son parte de los ritos y
roles que permiten la cohesión del grupo humano. Este principio
femenino consiste entonces en que a través de lo simbólico e
inconsciente se venera la representación de lo esencialmente femenino
y, en una primera etapa, estará muy asociado a las funciones
fisiológicas de la mujer como lo es su extraordinaria capacidad de
procreación.
Para este autor, el matriarcado se realiza a través de etapas
claramente visibles: la afrodita o simbiosis de lo femenino con la
naturaleza, asociada principalmente a la promiscuidad, donde esto
último coincidiría con la formación de la horda humana, donde nadie
sabe a ciencia cierta los lazos de parentesco, punto de discordancia
con algunos autores que afirman que el matriarcado solo es una forma
de organización centrada en la capacidad reproductiva biológica y
exclusivamente genital; de ahí la veneración al cuerpo femenino, al
útero y los ritos en cavernas, casi cercano a lo irracional,
saltándose u obviando el carácter holístico de lo femenino en lo
universal rastreados en cultos importantes de «Diosas» y no de
«Dioses».
La segunda etapa es la demétrica(3) o de la maternidad y el
matrimonio, donde la comunidad humana busca formalizar las relaciones
entre los individuos y se establecen lazos en la forma de
matrimonio.(4) Las relaciones se afianzan bajo la premisa de que se
necesita identificar los parentescos para agrupar de forma más
eficiente la cantidad de trabajo hecho en directa relación con la
productividad, y el provecho de las raciones alimenticias derivadas de
una caza prolongada, donde el hombre no sabía con cuánta cantidad
llegar y a quienes repartir; al no reconocer parentesco alguno, se
tuvo que producir mucha confusión y pleitos mortales y ante tal
situación, crear una solución racional que consistió en establecer un
lazo de parentesco duradero y legitimado ante la sociedad a través de
la formación de familia, fenómeno que sería rastreable incluso antes
del descubrimiento de la agricultura.(5)
una tercera etapa de organización, la de Apolo o del dios Solar, que
coincide con la supremacía del patriarcado, en donde lo racional, lo
militar reforzado con el sedentarismo y la aparición de nuevas
funciones, caracterizarán este tramo, el cual no es objeto de
descripción para esta reflexión.
Y como comprobamos lo anteriormente dicho, de creer y asegurar que una
sociedad matriarcal fue tan significativa, a la vez que poseía
dimensiones simbólicamente profundas, el aparente y peyorativo culto a
lo genital y netamente procreador es sólo parte de análisis realizados
desde un prisma con mucho dejo patriarcal.
En estudios de la lituana Marija Gimbutas(6), quien dedica una vida
entera a conectar y entrelazar vestigios arqueológicos en la vieja
Europa, se comprueba una serie de artefactos materiales que simbolizan
un culto anterior a los Dioses celestes del patriarcado, un culto
generalizado a la Diosa o Diosas que representaron todas las esferas
de la vida en relación con la naturaleza.
No solo es un culto personalista a una Diosa en particular, sino
dimensiones de la vida humana en Diosas específicas, como Diosa pájaro
o partenogénica, Diosa Blanca, la que representa a la muerte, Diosa de
la naturaleza, que se representa a través de una osa salvaje, Lilith,
Morrigan, Baba Yaga, Jedga, Mora o Frau Holla(7), que luego
encontrarán su continuidad en el tiempo y en el espacio en las diosas
griegas como Atenea, quien era una Diosa Partenogénica que tenía la
facultad de engendrar y dar a luz sin ayuda del varón, y luego en un
mundo patriarcal se transforma en una Diosa guerrera nacida de la
cabeza de Zeus.
Por otra parte, Artemisa, que es una Diosa de los Bosques, la cazadora
y virgen que en cultos antiguos se simboliza con traje y cabeza de
Osa(8) y refleja el rol masculino ausente tras las largas caminatas
masculinas en busca de la gran cacería, es también Diosa de la caza,
que luego será caracterizada por un arco y una flecha, rol que
hablaría de una función dentro de una sociedad matriarcal de
importancia que fue asumido por mujeres; después, en el mundo antiguo,
Artemisa es una doncella virgen que no conoce hombre, de
características masculinas en lo físico, la eterna enamorada de su
hermano Apolo, donde esta nueva relación permite la continuidad de los
cultos.
Coincidimos con Risquez que, contemporáneo a Gimbutas, (de hecho se
puede llegar a pensar que tratando el mismo tema y de similar carácter
no la cita en su libro), llega a las mismas conclusiones en que este
culto femenino devela un principio y orden del universo a través de
las características de la mujer. En la actualidad, este principio está
subyugado al orden patriarcal y no por ello desaparece.
De acuerdo a Rísquez, la feminidad no necesita del elemento masculino
para hacer sociedad. La humanidad habría pasado indefectiblemente por
este Estado matriarcal, bajo el cual se hizo más eficiente la
supervivencia del grupo humano. En este esquema el hombre no habría
participado como protagonista ni como poseedor de los medios
coercitivos. La principal característica de la feminidad es tener tres
dimensiones que se autocomplementan para hacer perdurar una forma de
sociedad muy válida: una mujer es capaz de ser madre (Deméter),
esposa(9) (Hera), amante (Afrodita), doncella (Proserpina), guerrera
(Artemisa) y una dimensión que revela una feminidad primitiva o
devoradora de hombres (Hécate, Diosa hechicera de tres caras que
devora hombres, símbolo del miedo de la facultad de una mujer de
permitir la vida de un recién nacido; la Medusa es una manifestación
de Hécate), todas las dimensiones de la sociedad bajo un principio
trino de hija, madre y encantadora, tal como lo expresa los vestigios
medios ocultos rastreables en la mitología griega, que es parte del
inconsciente colectivo de la cultura occidental.
En opinión de Gimbutas, para que desaparezca totalmente el
matriarcado, deben desaparecer las mujeres. Lo que en realidad sucedió
luego de la imposición del culto de los Dioses solares o celestes, fue
una fusión de lo anteriormente explicado, bajo la figura de
dominación, en donde las Diosas aparecerán después como amantes, en
función del amor erótico o como hijas o esposas de los grandes Dioses
Celestiales. El matriarcado no es una forma extinta de organización,
sino que coexistiendo con el patriarcado, ha sido anulada, estudiada
como proceso lineal de una fase anterior al neolítico. Lo que se ha
tratado de enfatizar en esta reflexión es que son dos formas
organizativas que están en constante tensión, una se superpuso a la
otra, coronando con éxito la irrupción violenta del patriarcado y sus
consecuencias.
A modo de conclusión, el patriarcado establece una relación irruptiva,
funcional y de posesión forzosa con el medio que lo rodea, en este
caso la tierra, asociado como elemento femenino que contiene, luego es
germinada y otorga frutos. La tierra será la primera afectada a la
hora de las satisfacciones humanas, subordinándola a un orden
patriarcal, que genera una relación penetrante, aguda e intensiva de
explotación y por lo tanto el culto femenino es subordinado al nuevo
orden patriarcal.
Quizás para fortalecer lo último, el patriarcado cambia su eje de
divinización hacia dioses celestiales que representan el camino
recorrido habitualmente de los hombres en busca de su alimento en los
tiempos de la caza. Como se mencionó anteriormente, este proceso de
transculturación queda demostrado en los lugares que ocupan las diosas
en el panteón masculino, de mujeres autónomas a serviciales,
funcionales a la maternidad (Deméter), hijas, esposas de grandes
Dioses (Hera) o amantes ( Afrodita(10)).
Creemos que el matriarcado tiene una relación con el medio en todas
sus dimensiones y, más explícitamente, de explotación con el ambiente
natural, en su cosmovisión del mundo y sus formas organizativas, de un
desarrollo sustentable y profundo respeto casi sagrado con la tierra,
que contrarrestarían en gran medida el desastre causado por la forma
de relacionarse creada a partir de la agricultura hasta nuestros días,
porque parte de la base de que su elemento clave para la organización
humana es la supervivencia del grupo humano en manos de la feminidad
procreadora y posibilitadora de trascendencia de la comunidad humana;
crea con ello ritos, cultos y nuevas relaciones que crean una cultura
basada en una cosmogonía femenina, en donde lo importante radica en la
mantención y sumo cuidado del elemento dador de vida, en este caso, la
mujer y su capacidad reproductora en una fase, que luego se extenderá
a todos los ámbitos humanos posibles.


NOTAS:
1. Bachofen, Juan Sebastián, El matriarcado, traducción castellana de
Begoña Ariño, Editorial Anthropos. 1988.
2. Es necesario aclarar que «larga infancia» es un término usado por
etólogos tales como Desmond Morris (1970) y Joseph Rielcholf (2001),
donde afirman que el extremado cuidado de las crías humanas al nacer
pudo bien haber provocado una supremacía y preponderancia de los roles
femeninos en las comunidades nómades, que al no tener un sustento
alimentario a largo plazo, las temporadas de caza de animales de mayor
tamaño estarían a cargo de los hombres, quienes pudieron constituir
grupos y cofradías exclusivas a su género. Sin embargo, en desmedro de
esto, la ausencia de hombres en la comunidad hace que las mujeres
asuman gran parte de los roles que permiten la supervivencia de la
comunidad, y no es descabellado pensar que incluso al no llegar la
carne de la caza a tiempo, mujeres sin hijos y un poco mas
desarrolladas físicamente hayan ido en busca de animales mas pequeños,
satisfaciendo así casi todas las necesidades de la comunidad.
3. Diosa Deméter, o Ceres, Diosa de los cereales o la Diosa madre que
para el mundo antiguo incluso antes de Grecia, era una Diosa de
Carácter dócil, contemplativa y de una naturaleza extraordinaria para
contener y criar hijos con la mayor seguridad y placer de una madre
deseosa de serlo, cumplirá un rol designado de acuerdo a su
naturaleza. En Rísquez Fernando, Aproximación a la feminidad op Cit,
pag 42. Editorial Edita Arte 1985.
4. Para la antropología clásica, el matrimonio es un rito entre
comunidades para anular el nivel de violencia que pueda existir entre
individuos que no tienen ningún lazo de parentesco. El matrimonio es
el lazo inventado que faltaría para justificar las relaciones de
dependencia entre una comunidad y otra y así asegurar la protección
del conjunto, además de su fortalecimiento y tiempos de paz duraderos.
5. Reichholff, Joseph. La Aparición del Hombre, editorial crítica
2001, Pág. 168-171.
6. Gimbutas Marija, The Language of the Goddess (1989) Harper Collins
Publishers. 1st. Ed. 1991.
7. Gimbutas Marija, Continuidad y transformación de la Diosa en las
eras Indoeuropeas y Cristiana. Artículo en
perso.wanadoo.es/s915083000/biblio/marija _ gimbutas.doc, en este
artículo describe que las diosas en distintos lugares de Europa
cumplen la misma función y son representadas por los mismos símbolos:
son partenogénicas, a excepción de Frau Holla, que es la Diosa del
invierno, vieja bruja de nariz ganchuda de quien de sus dientes y pelo
emana energía; provoca tempestades y nieve, pero renueva a la
naturaleza. También menciona a la Diosa Blanca, que es la Diosa de la
muerte. En la era cristiana este creencia se transmuta al color negro
en contraposición a esta cultura sin hacerla desaparecer.
8. Risquez Fernando, Ibíd., Pág 97.
9. Entiéndase que «esposa» no es algo exclusivo de una estructura
patriarcal. Bajo los parámetros del matriarcado tal como lo devela
Bachofen, una etapa también necesitó de este vínculo para formalizar
lazos de parentescos fundamentales para un orden más eficiente y no
por ello sin la importancia del principio femenino.
10. Risquez, Ibid, pág.111. Afrodita es una Diosa que representa la
feminidad primitiva, la promiscuidad y su capacidad constante de
fecundación (he ahí su símbolo de la espuma de mar, que luego será el
semen de un Dios). Al ser agregada al culto patriarcal, Afrodita se
convierte en amante de los Dioses con una imposibilidad tremenda de
formar una relación estable como lo propone el nuevo orden.



-- 
Daniela Wallffiguer
Profesora en Historia y Ciencias Sociales.
Coordinación CRA
Liceo San Francisco.

Daniela Wallffiguer Belmar.

Escritora chilena. Licenciada y profesora de estado en historia y ciencias sociales, magíster en historia de América de la Universidad de Santiago de Chile. Ha publicado artículos referentes al género sobre el matriarcado, historia y otros temas en el portal La Revelación. Además escribe ensayos, crítica literaria y cinematográfica, cuentos de ciencia ficción y poesía. Actualmente trabaja como profesora y realiza investigaciones referentes al género y sexualidad.

*material publicado en Diosa Luna 2013 con permiso de la autora. *

articulos en OECH. sociedad de escritoras chilenas.
www.revista de literatura convozpropia.ar.com 

1 comentario:

  1. Ohhhh!
    He quedado fascinada con tu trabajo. Me he suscrito a tu boletin y a tu Ivox.
    Me encantaría tener tu permiso para publicar esta entrada en mi blog "Querido ser humano"

    http://queridoserhumano.blogspot.com.es/

    mencionando todas las autorías por supuesto.
    He colocado la dirección de este en mi lista de "Blogs que mi alma ama pasear"

    Gracias por a hermosa labor que has elegido para transitar esta existencia y por lo maravillosamente bien que la desempeñas.
    Un abrazo de alma a alma desde mi isla pequeñita del otro lado del Atlántico

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