jueves, 12 de diciembre de 2013

Pensamientos sobre la Virgencita Morena: Madre incondicional de la neurosis mexicana.

Pensamientos sobre la Virgencita Morena: Madre incondicional de la neurosis mexicana.
“Hay virgencita morena, tú la señora que no abandona, manque seamos pedxs, putxs y pendejxs.”

A pecar que el mundo se va a acabar.

La virgen de Guadalupe, la morena, la señora de México es sin duda el uno de los principales símbolos de mexicanidad. Su fuerza simbólica nos evoca tanto a la imagen materna como a la patria encumbrada por los valores religiosos, por esos valores que desvaloran, ha pero que bonito se siente ser hijo de la misma madre, ya eso del padre es cualquier detalle.

Ella es un símbolo, es decir un conjunto de significaciones e ideas (incluso ideologías) resumidas en su imagen. Ahora más que nunca el símbolo de la madre incondicional, la india, la sometida,  la abusada  resuena en el inconsciente colectivo de los mexicanos. Se parece tanto a nuestra patria - matria, por más que la chinguen, ahí está calladita y siempre dispuesta a perdonar. De ahí su gran fuerza como figura simbólica, no importa que tanto nos equivoquemos, ahí está ella en actitud receptiva para acoger, aceptar y cuidar.  Es esa hembra sin memoria, ni rabia, ni indignación que simplemente observa amorosamente como se hace un mierdero en su tierra; pero qué más da, ella perdona todo, y mejor aún es intercesora por todos los pecadores. Con una madre tan pasiva y permisiva no la podemos tener más fácil lxs mexicanxs.

Pues eso es justamente lo contrario. El tener un imago materna colectiva tan despojada de su polaridad activa, es decir de su fuerza, potestad, rabia, agresión, etc.,  como es el caso de la madre guadalupana, lo único que genera es neurosis a todos sus hijos e hijas. Una neurosis basada en la indefensión aprendida, en la incapacidad de cambiar y revelarse, de seguir adelante y resistirse; al final de cuentas ella” La madrecita santa”, no nos abandona, dejemos nuestras penas en sus manos, que interceda por los pecadores y dolientes,  y un montón de actitudes de ese tipo que emulan la conducta simbólica de ese constructo llamado virgen de Guadalupe u cualquier otro amigo imaginario que se hizo real de tanto que lo mentaron.

El poder de la propaganda que sincretiza los intereses políticos y religiosos es muy grande, ya que adormece la parte consiente del individuo y compensa a las masas  con fantasías y analgésicos que van directo a la parte más emotiva y sensible, es decir a la necesidad de ser amados y ser parte de un algo, de una tribu.  Quien mejor que ella, la madre de todos, la que no juzga a nadie y a todos perdona, por más pinche ojete que se fuese, ella a todos ama por igual.

Al final de cuentas una imagen prostituida de lo eterno sagrado femenino, que se redujo a una madre violentada (la indígena violada por los españoles) que transfiere su actitud de sumisión y de esperanza en un futuro mejor, sea este en los cielos o en la tierra; a pero eso sí, sin moverse, sin activarse, sin revelarse, porque a fin y al cabos, la salvación es para los pobres. En definitiva, a este paso todo México será salvo.

En su raíz la palabra virgen significa dueña de sí misma, es decir autónoma, libre. Entonces  porque nuestra madre simbólica es una indígena esclavizada y sometida por un paradigma de género que la reduce a ser solo paciente, amorosa y maternal; muy simple,  es conveniente para el sostenimiento de las clases encumbradas, es un software de condicionamiento simbólico que permea la psique de un pueblo.  Es interesante ver como en su día se nos quitó un poco más  la autonomía y nos “privatizaron”, fíjense nada más, ahora sí que nos vinieron a Desmadrar.
Pero no importa sigamos como buenos hijos de su madre, utilizando el mejor mecanismo neurótico que pudimos aprenderle, a evadirnos en rezos, fiestas, borracheras, puterías, y demás, al final ya nos espera el perdón y la salvación, ni para que indignarse.

Degeneradxs: ensayos y apuntes
12/12/2013
Fracciones de Christian Ortiz. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada