domingo, 16 de octubre de 2016

La Triple Diosa en las Mujeres y en los Hombres. Christian Ortiz



La Triple Diosa en las Mujeres y en los Hombres.  
Christian Ortiz




La Triple Diosa en las Mujeres y en los Hombres.
Sobre como danzamos con la luna y sus fases.
Rev. Dr. Christian Ortiz


Ella es la cuna, pero también es la tumba de todos. Ella es la gran Transformadora...
Del documental “La Gran Transformadora”
Christian Ortiz

Todo es una eterna danza entre luz y sombras, todo es una perpetua espiral de transformación. Las mareas, las estaciones, los ciclos de la vida y las fases lunares, ahí encontramos los rostros de la Diosa.
Aprendemos a vivirnos más lucidamente cuando vemos el rostro de la Divinidad sin miedo, con honra y asombro; es en ese momento cuando reconocemos lo sagrado cotidiano. Ella tiene múltiples nombres y formas, ha sido representada en diferentes épocas, culturas y religiones. En ocasiones como una grácil doncella, en muchas como una madre nutricia y en otras como la anciana sabia, aquella es “la que sabe”.
Cada fase lunar está asociada simbólica, espiritual y biorítmicamente con algunos de los estadios de la Diosa. Veamos los rostros del nacimiento, el sostenimiento y la transformación de la vida de las mujeres y los hombres.

La Diosa Doncella
La faceta está asociada a los ciclos jóvenes de la naturaleza, la luna creciente, la semilla y el fruto joven. La Diosa se manifiesta de forma juvenil, ingenua y llena de vitalidad. En la mitología encontramos a Perséfone, Artemisa y Atenea como representaciones típicas de este rostro de la Diosa. La luna creciente y su hermoso “arco de luna” nos invita a expandir, explorar y disfrutar el mundo desde los ojos del asombro. En la fase menstrual – lunar está asociada con el proceso pre ovulatorio y sus respectivos estados anímicos centrados en la expansión y fuerza vital. En los hombres también se asocia a la fase expansiva y al “joven fauno”, que expresa su ímpetu desde el juego, la diversión y el disfrute de estar vivo. La fase Doncella está asociada al ciclo de vida pre-reproductivo, incluye la infancia y la primera adolescencia, los ritos de paso están centrados en el reconocimiento del mundo y de la manada, en el juego como forma de aprendizaje y en “caminar en la tierra” desde el disfrute. Independientemente de la edad que tengamos, siempre estamos retornando a este estado, ya sea por ciclicidad lunar o procesos psíquicos / vitales. Por ejemplo, al emprender un nuevo negocio o comenzar un viaje estamos activando esta fuerza dentro de nosotros, nos sintonizamos con la Doncella para emprender y comenzar lo nuevo.
Todos los seres somos regidos por la luna y sus fases, en la luna creciente la Diosa promueve el desarrollo vital y la adquisición de fuerza para el próximo periodo en donde la madre se manifestará.

La Diosa Madre
La Diosa Madre es la faceta más conocida en la mayoría de las culturas y tradiciones, sin embargo no podría existir una mujer madre, sin antes haber sido una niña. Hay que morir como infante, para nacer a la adultez. La Diosa madre es representada en la religión y la mitología con los rostros de Demeter, Gaia, Pachamama, Tonantzin y muchos otros más. La humanidad ha retratado en las divinidades su propia necesidad de conocimiento y comprensión del mundo, así la “Diosa Madre” está presente en el arte, la religión y la mitología desde los albores de la humanidad, ya sea en las mujeres pájaro de la antigüedad o en las venus paleolíticas, ella siempre está presente como símbolo de creación y sostenimiento de la vida.
La fase lunas asociada a la madre es la luna llena, una hermosa luna “preñada” de luz solar. Es el vientre lleno vida, el fruto maduro, la semilla que germina, la flor abierta y el árbol de la vida. La Gran Madre crea y nutre la vida, ella es origen y alimento del todo.
En el inicio, según la tradición de las mujeres sabias, la gran Madre creó los cielos y la tierra. Los pobló de vida, de hierbas y árboles, flores e insectos, animales en las aguas, la tierra y el cielo. Ahí estábamos nosotros; los primeros hombres y mujeres que aún “sabíamos” que éramos parte del todo.

En el origen todos los hijos e hijas de la Gran Madre padecíamos hambre, entonces ella dijo:
-Coman de mí que soy su Madre.
Y todos comimos de la tierra y de sus frutos, porque todos eran de su tierra y todos eran alimento sagrado. Entonces la gran Madre dijo:
-Ahora yo me los comeré a ustedes, y así siempre estaremos juntos, han salido de mí y a mi retornaran.
Y así ha pasado desde el primer día de la creación y seguirá siendo de esta manera y con esta sabiduría hasta el final.
(Narración – versión de Christian Ortiz “La creación y la Gran Madre” – Basado en la tradición de la mujer Sabia de Susun Weed.)

Siempre estamos volviendo al arquetipo de la Madre, cuando tenemos que sostener un proyecto, cuando has publicado un libro, al parir y nutrir, al cuidar de los demás, al amar el jardín, al amar a nuestros familiares del reino animal; en las acciones cotidianas de amor y sostenimiento la Diosa Madre se hace presente. Esta fase lunar – menstrual está asociada con la ovulación y la capacidad de quedar “preñada” de vida, sea esta una vida biológica, creativa, emocional, espiritual o de cualquier otra naturaleza. La fase de la Madre se experimenta en la conexión con el otro, la sexualidad creativa, el disfrute y de que de ese amor surjan frutos, enfatizando que no necesariamente son crías. El amor nos hace más grandes y hermosos, y un amor sano genera creación y evolución. Los hombres son tocados por la fuerza vital de la Diosa y se despierta al amor y la conexión. La paternidad y su fuerza creadora se materializan y es tiempo de nutrir proyectos, sostener la vida y hacerse responsable de los productos de amor. Para que la fuerza de la Diosa Madre sea bien transitada tanto en mujeres como en hombres, es necesario saber crear, alimentar la creación y dejar en libertad para que el proceso esté completo y en armonía.
En esta fase – rostro de la Diosa el trabajo de la creación, la germinación y el sostenimiento de la vida son primordiales. Ser “Madre” del mundo es una gran responsabilidad, te haces árbol de vida que nutre, cobija y conecta los mundos. Y hablando de conectar los mundos, es justo ahí donde “la que sabe”, la anciana hace su entrada para develar los misterios de la muerte y la transformación.

La Diosa Anciana.
Una de las facetas de la Divinidad menos conocida y más temida, incluso ocultada es la anciana. La Diosa anciana es el caldero de transformación, la señora que de los misterios, señora del otoño, es “la que sabe”, la curandera. En mitología y religión ha sido asociada a Divinidades como Ceridwen, Hestia, el descenso de Inanna para encontrarse con su hermana Ereshkigal, la faceta anciana de Hácate, y las facetas oscuras de Diosas triples.
Ella es la puerta hacia la transformación, es la señora que nos espera para caminar mas allá de la niebla, porta la sabiduría de soltar, es un árbol otoñal que deja partir a las que fueron sus hojas; ella se está preparando para dormir en el frio del invierno. La Diosa Anciana es oscura y misteriosa, ella ya no sostiene la vida, ella es la cortadora de la vida, sabe que cosas tiene que vivir y cuales morir, de ahí su asociación a las artes visionaras, místicas y sanadoras.
Ella es la luna menguante hacia la luna oscura y se va borrando para ir a la oscuridad. En esta fase parece haber ausencia de luna, pero no es así, ella está en silencio e introspección. Posiblemente estas características son por las que muchas personas “sufren” o evitan tratar con este aspecto de la Divinidad. En ella se encuentra “la sombra” que solo puede ser tocada desde el silencio interior, la introspección y el despego de nuestras identidades inventadas. Ella es “La que sabe”, la que te espera en los cruces de camino, la que no es muy bien vista por la mayoría, la anciana curandera que te espera en la noche del alma. Ella tiene las llaves entre los mundos, ella es entre los mundos.
En términos lunares – menstruales es la fase de sangrado menstrual que invita a la interiorización, al trabajo depurativo, y al viaje hacia la propia entraña. Las mujeres experimentan a la Diosa Anciana y su sensibilidad aumenta y las conecta con los mundos sutiles. Algunas lágrimas que se guardaron en el alma se atreven a brotar, los fríos guardados se manifiestan y las heridas de la psique se trasforman en puertas hacia el mundo de abajo; en donde la sombra nos espera para ser abrazada. Los hombres sienten a la Diosa Anciana también, son seres cíclicos, hormonal, vital y espiritualmente. El patriarcado y las masculinidades enfermas los han descontado de la aceptación de su naturaleza completa. La Anciana toca a los hombres de formas similares que a las mujeres, si bien no hay un sangrado mensual, a los hombres también les llegan “sus días” de sensibilidad y necesidad de introspección. Es triste ver como muchos hombres al no saber danzar los ciclos de la luna, terminan reprimiendo, negando y no integrando su sombra, provocando reactividad, enfermedad y conductas violentas hacia las mujeres. Quizá una de las bases del machismo es la incapacidad de los hombres de integrar su “anima” o parte femenina interior. Al no integrarla, la desprecia e intenta destruirla; proyectándola principalmente en las mujeres y en lo que se considera “femenino”, ya sea dentro o fuera de sí mismo. Para abrazar a La Diosa Anciana, hombres y mujeres hemos de integrar la sombra negada, todos aquellos componentes socialmente repudiados, censurados o temidos que también son parte de la naturaleza.
En la fase lunar menguante es necesario aprender a soltar, dejar que partan personas, acontecimientos o posturas ante la vida que no son funcionales. Es un tiempo de guardar silencio, meditar y entender que los finales simplemente son la semilla de un nuevo comienzo.
En esta fase - rostro de la Diosa la sabiduría del tiempo, los cambios y la perpetua transformación han de ser comprendidos. Toda vida vuelve a su fuente, y es justo ahí cuando la vida es renovada.
... Las semillas están enterradas, como muertas en lo oscuro. En el seno de la tierra emergen, crecen, dan fruto, a veces se transforman en árboles muy grandes. En otoño los árboles se desnudan, sueltan todo lo que no les sirve, dejan sus hojas partir, no se apegan ni se aferran; se quedan como muertos. Cuando llega la primavera reverdecen y otra vez se llenan de vida. Esta es una visión basada en la Tierra de lo que pasa también con las personas cuando mueren. Desde el más chico hasta el más grande, simplemente están danzando la vida- muerte-vida. Ella es la cuna, pero también es la tumba de todos. Ella es la gran Transformadora...

Danzamos con los ojos abiertos en lo sagrado cotidiano, dejemos que la luna guie nuestros pasos, seamos mareas, seamos luz de luna.

Diosa nos abraza y bendice
Rev. Dr. Christian Ortiz
Santuario de la Diosa. México.
01/10/2016
Luna Nueva en Libra.

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